biografia

 

Me llamaron Silvana Merello, nací el 2 de junio de 1966. Pinté desde siempre. A partir de los seis años fui al taller de Horacio D’Alessandro hasta la edad de los doce años, que ingresé al Colegio Nacional de Buenos Aires para iniciar una búsqueda desde lo intelectual. De este modo, me sumergí en el mundo natural a través de la biología para tratar de entender el milagro de la vida, luego creí profundizarlo realizando un doctorado en química biológica con el fin de “atrapar” al plano físico. En esta búsqueda incesante traté de encontrar respuestas desde lo puramente material, en postgrados especializados en la dirección de empresas y posteriormente en economía. Sin embargo, todas las disciplinas de manera similar, convergían siempre a la misma falta de respuestas. Pero un día, ya no busqué más respuestas y me di cuenta que sólo tenía que reconocerlas y sentirlas a través de colores, formas e intensidades. Así de esta manera, de nuevo en el taller, sin preguntar más porqué, empecé a recorrer nuevamente el camino hacia mi interior. Paradójicamente, comenzaron a esbozarse las primeras respuestas.....

 

SENDAS VIRTUALES

por Silvana Merello

Encaminados hacia el exterior abandonamos lo interior. Sin embargo, todo aquello que vemos y vivenciamos en el afuera, sólo nos devuelve el reflejo de lo que llevamos adentro.
Porque, sólo al comprender y experimentar con conciencia lo más profundo de nuestro propio ser interior, habremos descubierto que mágicamente estamos en el afuera, porque interior y exterior son sólo los límites virtuales de la misma experiencia de la propia esencia.

 

DOMINIO DE LA REALIDAD INOBSEVABLE

por Silvana Merello

Silencio interno o externo?... Espacio limitado o ilimitado?... Vacío interior o exterior?
Qué es lo que nos mantiene atentos sólo a lo que ocurre afuera?
... será el miedo de caer en algo desconocido... u olvidado?
Qué es necesario primero, acallar al otro o silenciarnos nosotros? Buscar más espacio o vivenciar el que tenemos?
Por eso, hay que recordar... que poseemos un silencio interno dónde desaparecen los pensamientos y somos uno con nosotros y con el otro, que tenemos un espacio físico limitado pero intensidad ilimitada, y un vacío interno que nos interconecta todos con la misma esencia.